No por mucho saber japonés…

Era una cálida tarde de verano. Me encontraba sentado en mi habitación viendo la película Gantz: Génesis en la tele. Disfrutaba relativamente.

Es genial que lleguen películas niponas a España, sean de temática friki —haced como que solo me refiero a adaptaciones al cine de mangas o animes— o no. Pero… ¡Pero! Ah, no por mucho saber japonés se domina automáticamente el propio idioma nativo, que en este caso es el español. En esta ración de droja van incluidas dos cuestiones que pueden encontrarse, aunque no son exclusivas de ella, en la versión española de la película. Seguir leyendo

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Pasarse de listo

Es encomiable todo esfuerzo que se haga por el bien de la lengua. Al final, los granitos de arena se van amontonando y puede que la montaña no se venga abajo y quede firme —aunque yo no estoy tan seguro—. ¿Qué problema hay? Que entre tanto granito de arena hay alguno que es de cal. Hace un par de meses vi circular por la gran red mundial una norma ortográfica que era totalmente falsa. ¡Mucho ojo, que los hay con intenciones más destructivas que constructivas! La dudosa norma decía lo siguiente:

«Diferencia entre “quizá” y “quizás”:
Cuando la siguiente palabra comienza por consonante, se usa “quizá”. En cambio, cuando la siguiente palabra comienza por vocal, se usa “quizás”».

La repercusión, que espero que no haya sido demasiado importante, me preocupa, ya que había bastantes comentarios positivos acerca de la norma —con tono de que habían aprendido algo que antes no sabían—. Por favor, es importante que sepáis que esta norma es inventada. No existe tal norma. La RAE especifica de manera muy clara en el Diccionario panhispánico de dudas que «quizá» y «quizás» son completamente equivalentes e intercambiables en cualquier situación. Seguir leyendo

Punto final a los errores

Llega un momento en la vida de toda persona preocupada por la lengua española —unos tres o cuatro individuos en todo el mundo, calculo— en el que comienza a ver el mismo error una y otra vez. Pero no ya en la tele y en la prensa, no, esos medios han degenerado lingüísticamente sin dejar de tocar un fondo cada vez a mayor distancia. Se ve en los libros, tanto escritos originalmente en español como en traducciones. Ahí ya suena la alarma.

El punto es un signo de puntuación que tiene distintos nombres, según qué esté marcando. Si indica el final de un enunciado y se continúa con el siguiente en el mismo renglón, se llama punto y seguido. Si indica el final de un párrafo, se llama punto y aparte. Y, por último, ¡ojo!, si indica el fin del texto, se llama punto final.

¿Qué suele ocurrir? La gente, por analogía, llama al tercer caso *punto y final. Esto es incorrecto y constituye una falta de ortografía. No se debe incluir la conjunción «y» en el nombre de este punto. Por otra parte, los nombres punto seguido y punto aparte, ambos sin la conjunción «y», sí que existen y son igualmente correctos aunque menos frecuentes.

Un truco para recordar cuáles se pueden escribir con la conjunción «y» y cuáles no es el de incluir mentalmente el verbo «continúo» después de y:

a) Punto y continúo seguido.

b) Punto y continúo aparte.

c) *Punto y continúo final.

Se aprecia que la última de las tres opciones no suena de manera lógica, la de punto final, por lo que, con esto, se facilita recordar que sería incorrecto escribirla con la conjunción.

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Punto final a los errores

Llega un momento en la vida de toda persona preocupada por la lengua española —unos tres o cuatro individuos en todo el mundo, calculo— en el que comienza a ver el mismo error una y otra vez. Pero no ya en la tele y en la prensa, no, esos medios han degenerado lingüísticamente sin dejar de tocar un fondo cada vez a mayor distancia. Se ve en los libros, tanto escritos originalmente en español como en traducciones. Ahí ya suena la alarma.

El punto es un signo de puntuación que tiene distintos nombres, según qué esté marcando. Si indica el final de un enunciado y se continúa con el siguiente en el mismo renglón, se llama punto y seguido. Si indica el final de un párrafo, se llama punto y aparte. Y, por último, ¡ojo!, si indica el fin del texto, se llama punto final.

¿Qué suele ocurrir? La gente, por analogía, llama al tercer caso *punto y final. Esto es incorrecto y constituye una falta de ortografía. No se debe incluir la conjunción «y» en el nombre de este punto. Por otra parte, los nombres punto seguido y punto aparte, ambos sin la conjunción «y», sí que existen y son igualmente correctos aunque menos frecuentes.

Un truco para recordar cuáles se pueden escribir con la conjunción «y» y cuáles no es el de incluir mentalmente el verbo «continúo» después de y:

a) Punto y continúo seguido.

b) Punto y continúo aparte.

c) *Punto y continúo final.

Se aprecia que la última de las tres opciones no suena de manera lógica, la de punto final, por lo que, con esto, se facilita recordar que sería incorrecto escribirla con la conjunción.

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Me dejan sin energía

Se cuenta que hay profesores universitarios de las llamadas «carreras de letras» que, de forma altiva, presumen de corrección ortográfica y luego, durante las clases, se les descubre el pastel. Ante esa situación, en lugar de reconocer el error aun previa muestra en sus caras de la entrada en el diccionario, se cierran en banda bajo el pretexto de que, no solo ya el vocablo, sino la lengua entera es como ellos dicen. ¿Es este pretexto absurdo? Tanto como decir que yo mismo no me he encontrado nunca con estos académicos de primer nivel. Y es que, amigos, amigas o gente que tan solo pasaba por aquí, la educación en España es lo que es: un SEAT 600 en una muestra de vehículos superdeportivos.

Uno de los errores que se observa con más frecuencia, al menos por el sur del país y hasta que un estudio detallado indique que no hay relación directa, es el de la palabra «sinergia». Esta palabra es llana. Las dos últimas vocales forman diptongo, en definitiva, una sola sílaba. La forma correcta de escribirla es sin tilde, por ser llana y acabar en vocal, y debe pronunciarse si-NER-gia —disculpad la forma en que lo he plasmado—. Sin embargo, por influjo de la palabra «energía», se tiende a tildarla y pronunciarla como esta, de forma que sonase y se escribiese como si fuera *«sinergía».

Muchas veces la etimología es buena desfacedora de entuertos. La palabra «sinergia», que insisto en que es llana, no lleva tilde y la sílaba tónica es –ner-, procede del griego. Por otra parte, «energía» viene del latín, y a su vez de otra palabra distinta del griego. Dicho de otra manera, «sinergia» y «energía» no tienen relativamente nada que ver, y no se debe dejar influir la acentuación de una en la otra.

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